
POR HONOR O POR DINERO
Cuento original de Robin Kaczmarczyk
Basado en el Mundo de Nagaloka
Por Robin Kaczmarczyk y sus dos sobrinos,
Nandadulal y Rasasthali Ruiz Stone
lunes, 10 de enero de 2011
El mundo de Nagaloka esta dividido en dos.
Existe el mundo exterior, regido por las reglas del universo exterior, con un sol y siete lunas que se pueden ver en un cielo que de día es azul claro y hermoso y de noche negro como el manto de una virgen en dolencia. Ese es el mundo ordinario de Nagaloka, el que todos conocemos.
Pero además del mundo exterior, Nagaloka cuenta con un mundo subterráneo.
Este mundo es mucho más grande que el exterior, pero también es mucho menos conocido. Solo algunos aventureros valientes han logrado entrar a este mundo, atravesando las interminables cavernas para llegar al Sol Interno, esa bola de fuego eternamente suspendida en un Cielo Interno que cambia de colores dependiendo de la temporada de púrpura, amarillo, verde, café y extrañamente azul. Ahí, en la Centro de la Tierra hay enormes océanos, desiertos gigantescos con ríos de lava ardiente, ciudades sin fin de seres tan extraños como los Ilithids, que son mitad hombre y mitad pulpo; o los temibles Drow, los elfos negros tan odiados y temidos por sus primos de la superficie.
El lugar más verde y hermoso de el La Tierra Interna, como es conocido este mundo subterráneo en Nagaloka, son las gigantescas junglas de Dinotopia. Ahí, los Dinosaurios, gigantescos reptiles con cerebros pequeños pero corazones muy grandes, son los indisputables amos y señores.
Claro, los Señores Naga, dueños de todo Nagaloka, por dentro y por fuera, son verdaderamente los que rigen en Dinotopia, pero ahí, ellos han creado un santuario para estas maravillosas bestias gigantes, donde ni el hombre, ni el elfo, ni el djinn pueden someter a los Dinosaurios a sus caprichos.
No hay ciudades en Dinotopia. Existen ruinas de lo que antiguamente fueron ciudades, pero ya han sido devoradas por la maleza. Los únicos edificios en uso son Los Templos Naga. Estos templos son tan diversos como sus dueños, los hombres serpiente. Algunos son muy pequeños, otros gigantescos.
El mas grande de estos Templos Naga se llama El Coliseo de Dinotopia, y le pertenece a el Rey Pariksit, dueño y controlador de Dinotopia. El Rey Pariksit es la autoridad absoluta sobre lo que ocurre en Dinotopia, y es un Naga de mas de 5,000 años de edad con un gran conocimiento, enorme bondad y gran sabiduría.
El Coliseo es un lugar para castigar todos aquellos que asesinan otros seres vivos en Dinotopia. Cuenta con una enorme cárcel subterránea donde criminales esperan su castigo que es únicamente participar el los sangrientos juegos de Gladiadores. Los asesinos mas temidos de toda Nagaloka tienen una sola oportunidad de salir vivos de el Coliseo, y es derrotando a los otros Gladiadores en terribles combates a muerte en la arena del Coliseo.
Cada vez que cambia el Cielo en Dinotopia a otro color, es decir, más o menos cada tres meses en la superficie de Nagaloka, se celebra una Eliminación de Gladiadores en el Coliseo. Si por alguna razón no hay criminales que sacrificar, en vez de una Eliminación de Gladiadores, se celebra una enorme fiesta de paz, pero generalmente, dado el estado de la naturaleza humana, la violencia de los ogros y goblins, la avaricia de los enanos, el orgullo de los elfos y otras causas que justifican el castigo de seres concientes, casi siempre hay una Eliminación de Gladiadores.
Nagas y turistas de todo índole y especie llegan de todos los rincones del mundo a presenciar el “Castigo” como es llamada la Eliminación de Gladiadores ahí. Las matanzas pueden durar varios días, dependiendo del número de criminales que deben ser castigados.
El Coliseo es tan gigantesco que parece una pequeña ciudad en miniatura y cuenta con todos los servicios necesarios para que los turistas puedan presenciar a gusto los sangrientos juegos: restaurantes, hotel, enfermerías, guarderías y un sin numero de tiendas de especialidades de la región, como lo es la muy dura y codiciada piel de Diplodoco, plantas jurasicas y una variedad de mascotas vivas gigantescas. El Coliseo es la atracción turística mas grande de el mundo entero de Nagaloka. Tiene cupo para cincuenta mil personas, y esta casi siempre lleno durante las Eliminaciones de Gladiadores trimestrales.
Algo sumamente interesante del Coliseo es que no todos los van ahí a pelear son criminales. Hay otros Gladiadores que van ahí por el honor, o por el dinero. Y eso lo se personalmente por que yo soy uno de esos Gladiadores. Mi nombre es Dopey Barbazul, y soy un enano, originario de Grumpslandia que ahora vive y mata aquí en el Coliseo como un muy libre y ridículamente bien pagado Gladiador.
Mi historia comienza en Grumpslandia, ese paraíso de los enanos con calles blancas y jardines de estatuas llenas de joyas preciosas. Fui hijo único de dos pobres Carniceros.
Aquí debo explicar algo sobre los Carniceros enanos. Somos la casta mas baja de Grumpslandia, considerados intocables para todas las castas mas altas. Yo no invente las reglas, pero después de la guerra de Ciudad Paleta, y con una reina minotauria Vaisnava y un rey hombre lagarto Vaisnava como nuestros principales aliados durante la guerra, nosotros los Carniceros de Grumpslandia sufrimos horriblemente cuando nuestro Rey Grumps regreso victorioso de Ciudad Paleta.
Carniceros somos gente que trabaja con los muertos. En Grumpslandia, el sistema de castas de los enanos es muy severo, y las castas mas bajas de nacimiento son aquellas que se dedican a enterrar o descuartizar a los muertos, sin importar la especie.
Mi familia, mis padres, mis abuelos y sus padres y los padres de sus padres siempre se han dedicado a la carnicería. Los Barbazul somos carniceros desde que llegaron los Naga a Nagaloka, pero nuestra afición por el negocio de la carne nos a condenando a convertirnos en intocables en nuestro propio pueblo.
Viví toda mi infancia en una casita adorable y subterránea, como es lo indicado para nuestra casta de Carniceros. Como hijo único, mi deber hubiera sido continuar como Carnicero en nuestra Carnicería en Grumpslandia, tal cual lo hace mi padre, pero un día, algo paso que cambiaria todo eso.
Fue después de la gran batalla de Ciudad Paleta.
Mi papa y yo fuimos a recoger muertos, siguiendo al ejército del Rey Grumps después de enterarnos que habría guerra con Ciudad Paleta. Carniceros necesitan carne fresca para su negocio, y una guerra, por horrible que parezca, es una oportunidad increíble para nuestra casta de ganar un buen dinero. La carne mas codiciada y cara de todo Nagaloka es la carne de humanos, elfos… y claro, enanos. Nosotros la vendemos a orcos, ogros, harpías y otras especies que gracias a los dioses están prohibidas de cazar nuestra raza, pero que no pueden vencer la adicción por la sangre humana.
Estábamos hasta las narices en nuestro sangriento trabajo. Cientos de soldados asesinados estaban esperando nuestra enorme carreta de carga jalada por nuestro dulce y obediente mastodonte “Azul”, que jalaba una carreta con espacio suficiente para dos toneladas de muertos. Los cadáveres estaban destinados para nuestra Carnicería, donde nosotros nos ocuparíamos de revenderlos a las razas caníbales si podíamos, o si no a darles entierro, cremación o cualquier otro tipo de velorio dependiendo en sus últimos deseos del fallecido y o la petición de sus parientes. Si un muerto no podía ser identificado, o no había dejado instrucciones al respecto, nosotros podíamos vender la carne. Durante la batalla, cientos de brazos, piernas y otros pedazos que no podían identificarse cayeron al suelo. Para nosotros, esos pedazos significaban oro puro. Por ejemplo, en Trollandia, una pierna de humano fresca podía cotizarse asta en 50 monedas de plata. Una pequeña fortuna para cualquier enano. Mi padre estaba muy feliz por todo el trabajo y el dinero que seguramente lograríamos conseguir vendiendo carne humana. Para el, que jamás había comido carne humana, pues a los enanos no nos gusta, vendérsela a los ogros y vampiros de otros pueblos no era nada raro.
¿Horrible? ¿Monstruoso?
Para aquellos de ustedes que desconozcan Grumpslandia, tal vez lo es, especialmente si vienen de alguna ciudad donde los humanos son la especie dominante.
Pero en Grumpslandia, hay muchos visitantes, Ogros, Harpías, Dragones y otros… y pagan excelentes precios por la carne humana, pues es parte necesaria de sus dietas.
Nosotros los enanos no tenemos leyes en contra de comer, comprar o vender carne humana. Tenemos leyes en contra de asesinar humanos, pero no tenemos leyes en contra de comerlos, o de vender su carne. Y claro, los Ogros, Harpías y Dragones que la comen están completamente prohibidos de asesinar humanos en nuestras tierras, pero no de comerlos.
Así somos los enanos.
Bueno, la verdad es que después de la batalla de Ciudad Paleta coleccionamos mas de dos toneladas y de carne fresca, principalmente humana. Y como la mayor parte de los muertos eran conscriptos del ejército de Ciudad Paleta, por lo general solteros sin hijos, solo tuvimos que darle sepulcro a la mitad. Mi padre se vio en necesidad de contratar doscientos goblins para poder terminar el trabajo. Nuestras arcas crecieron cien veces.
La guerra nos hizo ricos.
Tres meces después de la batalla de Ciudad Paleta, llego “El Cerebro” a nuestra carnicería en Grumpslandia. Yo acababa de cumplir 50 años, que para un enano se considera algo así como el fin de la adolescencia. Nunca había visto un hombre pulpo antes de eso, mucho menos uno en Grumpslandia, pero sabia que existían.
Aun así, fue sorprendente su apariencia. Piel morada oscura y bastante humeda, bípedo, vestido con una simple toga rosa. Sus tentáculos en la cara se movían con intención, creando expresiones faciales raras y indescriptibles.
Sus pensamientos entraron directamente en mi cabeza, sin necesidad de crear ningún sonido.
“Buenos días, tu debes ser Dopey Barbazul”. Dijo.
Es muy incomodo responder a un pensamiento enviado directamente a mi cabeza.
“En que le puedo ayudar, señor”. Pregunte.
“Tengo una propuesta para ti, Dopey Barbazul, y creo que es una propuesta que no puedes negar: Quiero que dejes la carnicería y te conviertas en un gran campeón Gladiador”.
De los hombres pulpo, yo sabia que leen el pensamiento, que tienen visiones del futuro y el pasado, que son magos naturales capacitados para la telekinesia, clarividencia, telepatía, y varias otras maestrías mentales. Pero aun así, me pareció sorprendente que esta criatura que tenia un olor vagamente como el mar supiera de alguna manera el mas gran anhelo de mi corazón.
Desde pequeñito, siempre quise ser un Gladiador.
En Grumpslandia, los juegos de Gladiadores se celebran cuatro veces al año en el Coliseo del Rey Grumps. Como el crimen es casi desconocido en nuestra ciudad, los juegos de nuestros gladiadores son casi siempre voluntarios. Si hay el ocasional castigo de algún enano o gnomo que merece la muerte a causa de sus crímenes, pero es muy raro ver tal castigo. Los residentes la Grumpslandia son notablemente respetuosos de las pocas y muy liberales leyes de la ciudad.
Más bien, el Coliseo es para guerreros valientes y adorados por todos como ídolos de la arena que van a demostrar sus habilidades en combate contra otros ídolos para el entretenimiento del pueblo. Estos guerreros casi nunca luchan a muerte, excepto en las raras ocasiones cuando hay alguna vendetta de sangre entre ellos, o cuando se trata de castigar algún violador o asesino.
Ídolos de mi infancia que llenaron mi cabeza con sueños de fama y fortuna en la arena. Ídolos como Juan Dos Hachas, El Demonio Enmascarado, El Castigador Sagrado y mi favorito: Lex Cuchillos. Todos estos Gladiadores tienen un arma principal, hacha, cuchillo, mazo con la cual terminan a sus adversarios brutalmente. Verlos en combate a muerte es lo mas esplendido que puedo pensar. La lucha entre dos contendientes, especialmente cuando son de un nivel igual de capacidad, es algo bello. Matar a alguien en la arena no es como matar alguien en un callejón oscuro. La arena es un lugar sagrado. La sangre que ahí se derrama se derrama enfrente de miles de personas que dan honra a los combatientes.
Lex Cuchillos, que creció en una familia de honrados y amados Gladiadores libres murió tratando de “castigar” a un asesino de niños. Un ogro de una tierra lejana que se escondió de las autoridades en una cueva cerca de nuestra hermosa ciudad y empezó a asechar nuestros jóvenes. Un monstruo que merecía la muerte. Pero en la arena, no siempre gana el justo. En la arena, la justicia es la del mas fuerte.
El ogro gano su vida, pero se convirtió en un esclavo de por vida en el ejercito del Rey Grumps. Mi héroe murió gloriosamente, honrado por todos sus admiradores que lo inmortalizaron en mármol y joyas preciosas en una de las calles blancas de nuestra ciudad.
Yo tenía once años cuando murió Lex Cuchillos en la arena. Desde ese día, soñé con convertirme en un Gladiador.
Y ahora, alguien de una tierra lejana me estaba dando una oportunidad de dejar la carnicería, lugar que nunca disfrute y siempre quise dejar atrás, y convertirme en lo que siempre quise ser. Parecía demasiado bueno para ser verdad. Mi primer pensamiento fue: ¿Que pensara mi padre?
“Tu padre te dirá que no lo hagas, y sufrirá bastante por preocuparse por tu bienestar durante dos años. Pero luego de eso, cuando se de cuenta que eres un gran campeón, estará sumamente orgulloso de ti.” Dijo la voz del extraño ser en mi cabeza.
“¿Puedes ver el futuro?” Le pregunte.
“El futuro esta siempre en movimiento, pero puedo percibir probabilidades y ver corrientes basadas en las decisiones que toma la gente. Hay un elemento en el tiempo que se llama libre albedrío. Ese elemento cambia el futuro constantemente. Por ejemplo,
Puedo verte a ti como un gran campeón Gladiador en Dinotopia. Pero también te puedo ver como un carnicero muy exitoso en Grumpslandia. Ambas probabilidades existen en tu futuro, y ambas dependen de una serie de decisiones que solo tu puedes tomar”.
“Oh.”. Dije yo, asombrado. “¿Y puedes ver como voy a morir?” Pregunte.
“Veo varias posibilidades, todas ellas dependientes de ciertas decisiones que tu vas a tomar. Pero no voy a decírtelas, pues si lo hiciera, afectaría tu libre albedrío, y eso es algo que no puedo hacer”. Dijo sin sonido alguno en mi cabeza.
“¿Por que no puedes afectar mi libre albedrío?” Pregunte.
“Por que un ser consciente como yo considera tal acto peor que asesinarte”. Me explico. “Aun así, mis visiones me trajeron a ti. Tu puedes ser en gran campeón Gladiador en el Coliseo de Dinotopia.”
Dinotopia.
No conocía ese lugar, ni jamás había escuchado hablar de el.
“Dinotopia es un enorme jungla en el centro de Nagaloka”. Explico el forastero.
“El centro de Nagaloka esta compuesto de montañas altas y heladas.” dije yo. Mi geografía no era la mejor, pero todo niño en Grumpslandia conocía las Montañas Centauro de el tercer grado en adelante.
“No me refiero al centro del continente de Nagaloka donde tu vives, me refiero al centro del planeta Nagaloka. Nuestro mundo es hueco, Dopey”. Dijo el hombre pulpo.
“¿Como es posible?” me pasme.
“Los Señores Naga no divulgan este secreto a todas las razas, solamente a algunos personajes elegidos especialmente para conocer La Tierra Interna. Mi pueblo, los Ilithid, vivimos ahí.” Dijo el extraño ser. En mis estudios en Grumpslandia, habíamos platicado de los hombres pulpo, los Ilithid y nos habían dicho que son viajeros ínter dimensionales, raramente vistos y de procedencia desconocida.
¡Pues ya no era desconocida su procedencia!
“Dime, amigo, ¿vas a aceptar mi oferta?” Pregunto el Ilithid a mi mente.
“Tengo que discutirlo con mis padres. Soy hijo único.” Claro, no pasaría una oportunidad como esta por nada del universo, pero sospechaba que convencer a mis padres seria muy duro y cruel. Lo ultimo que desearían ellos es pasar la carnicería a alguien fuera de nuestra familia, y yo seguía siendo hijo único. Mi trabajo en la carnicería caería en manos de mi primo Smelly, un enano con un olor muy peculiar, pero con un carácter generoso y muy amigable.
“Lo mas probable es que logres tu objetivo en tres dias. Regresare por ti entonces. Fue un placer conocerte.” Dijo la extraña voz silenciosa en mi cerebro.
Una extraña nube negra apareció sobre el hombre pulpo y un portal dimensional empezó a abrirse ahí. Parecía nada menos y nada mas que un hoyo negro en el espacio. El hoyo estaba jalando al extrajera de una forma extraña, como si lo estuviera alongando.
“¡Espera!” Grite yo. “¿Cómo te llamas?”
“Me dicen El Cerebro.” Dijo en mi cráneo y desapareció en el hoyo. Segundos después, el hoyo y la nube también desaparecieron, como si nunca estuvieran ahí.
Esa noche, durante la cena, me hice de valor para platicar con mis padres sobre lo que había sucedido en la carnicería en la mañana. Mi padre mantuvo un silencio estoico durante toda mi exposición, pero lagrimas llegaron a los ojos de mi madre después de algunas palabras. Las lágrimas se convirtieron en sollozos cuando llegue a la parte donde explique que seria Gladiador en Dinotopia.
Mi madre se levanto de la mesa y salio de el comedor, llorando. Mi padre dio un gran suspiro.
“Jamás te hubiera llevado a ver las luchas.” Dijo.
Luego se levanto, limpiándose un poco de salsa de su prodigiosa barba negra y murmuro que tenia que ver como estaba mama.
Me quede solo en el comedor, con mi cena sin tocar. Agarre la botella de vino rojo que ahora siempre teníamos para acompañar la cena gracias a la buena fortuna en la guerra, me llene un vaso y me lo tome de un solo trago.
Espere que regresaran mis padres al comedor, pero cuando pude escuchar la puerta de su recamara cerrarse fuertemente de un tirón, me levante de la mesa, tome la botella de vino y me fui a mi habitación.
La mañana siguiente, mi padre me despertó temprano, tocando en la puerta de mi cuarto.
“Dopey, necesitamos hablar. Tu madre ha preparado huevos de lagarto, tus favoritos.”
Me levante, cepille mi barba, me puse unos pantalones y una camisa y salí a desayunar. No esperaba ver a mi primo Smelly ahí. Mama había preparado un banquete para un rey. Pero la mas grande sorpresa que me lleve es que mi padre sostenía un enrome martillo de guerra en sus manos. Una obra de arte de los enanos, incrustado con joyas, esmeraldas y rubís.
“Mi honor es el tuyo, Dopey. Conozco tus sueños y te deseo lo mejor. Una oportunidad para convertirse en Gladiador, sea donde sea, no es algo fácil de obtener, y este martillo es nuestro regalo para ti, en deseos que no solo sobrevivas la arena, pero que seas el mas gran campeón que Dinotopia jamás ha visto!” Mi padre hablo solemnemente, con lágrimas en sus ojos. Mama continuo sollozando.
Los próximos dos días fueron días de despedida. Descubrí que mi padre y mi madre estaban aterrados de mi decisión de ser un Gladiador, pero me apoyaban plenamente, y les causaba un gran honor pensar que su único hijo estaba dispuesto a jugarse la vida en la arena de una tierra lejana.
Entendí que los tres días que había previsto “el Cerebro” fueron los tres días que mama necesitaba para poder dejar de llorar. Smelly tomo mi lugar en la carnicería y yo simplemente empaque y me puse a esperar al Cerebro. Platique con mama todo ese tiempo, tratando de explicarle que yo estaría bien, y que nada malo me sucedería. Pero mis débiles discursos sobre mi seguridad le hacían llorar mas fuerte, y al final simplemente hablamos de mi niñez, un tema que parecía calmar sus nervios.
Mi papa estaba tan orgulloso de mi que no dijo ni una palabra mas. Pero insistió en conocer al misterioso hombre pulpo. Me di cuenta que el respetaba mis sueños mas que nadie en la tierra, y mi amor por el creció mil veces. Este enano gentil y trabajador nunca se había quejado de nada, pero no había cumplido sus sueños, y ni siquiera sabia yo que eran esos sueños. En vez, el dejaría que yo buscara cumplir los míos aun si eso le alejara de mi.
No comments:
Post a Comment