Friday, September 14, 2012

La Muerte de Benito Castor

Ya no soy un hombre vivo. La muerte me ha llevado a un estado extraño, un estado preocupante. Ni vivo ni muerto, permanesco en este purgatorio, morada de demonions reptilescos, esperando mi liberacion por mi Señor Jesucristo. ¿Y como se que tal liberacion ha de venir? Pues por que le he visto, justo en el momento de mi muerte. He aqui como ha sucedido todo esto. Fui un Centurion en el Ejercito de Ciudad Santa Maria, bajo el las ordenes de S.S. Papa Ricardo II, Señor de Nagaloka. Mi trabajo era capturar con vida un humano renegado, enmascarado haciendose llamar a si mismo Rey Mysterio. Por alguna extraña razon, este personaje habia aparecido en nuestro mundo y tomado el lado de el demonico Rey Agua, Señor de Ciudad Paleta, morada de espiritus malignos. Le persegui por todo el norte de Nagaloka, llegando peligrosamente a las Montañas Centauro. La distancia no fue dificil de recorrer, pues mi suerte de capturar a un dragon y someterle a mi voluntad me dio alas para volar. Cual fue la suerte mia en encontrarme, no con el enmascarado misterioso, pero con un viejo enemigo, un desertor de mi propio ejercito, un ladron y un maldito... Se trataba nada menos y nada mas que de el abominable Marco Hugo Vilchis, formalmente Centurion en el Ejercito de Ciudad La Pinta, y ahora desertor, traidor, asesino, ladron y ereje. Marco montaba un enorme estegosaruio, una de esas bestias tan comunes en este mundo maldito, que con un poco de amor y entrenamiento forman las mejores montaduras para cualquier guerrero. Estaba en un monte gingantesco, del cual no aparentaba haver salida. El y su animal parecian perdidos, extraviados de su guarida pagana por la voluntad de mi Señor Jesucristo, quien, cumpliendo su promesa, havia despertado a los muertos para traer a los vivos al Juicio Final. Vestido en un uniforme verde con la vaca dorada de el Reino de Rasalandia en su escudo, se veia ridiculo. Uno de mis mejores legionarios, vestido como un soldado de la becerra maldita, Minoreina. Solo por eso le mataria. -Taidor, ¿acaso estas perdido ahi, con tu bestia?- Le grite. -Benito. Los muertos han despertado y buscan matar a toda la humanidad en esta tierra. Busco refugio.- Contesto. -¿Y ese uniforme, esa armadura verde que portas? ¿Lo has robado o te lo han regalado los minotauros?- Como Legionario, yo conocia bien todos los uniformes de los varios ejercitos de las varias naciones de Nagaloka, sean humanos, elfos, minotauros o hombres lagarto. -Bien sabes, Benito, que he buscado refugio de ustedes con Minoreina en Rasalandia. Soy lugarteniente. He luchado con los minotauros y he sangrado por ellos. Me ven como un hermano, pero como no les deseo mal, he salido de su pueblo para que los zombis no vallan ahi.- En sus ojos traidores, lagrimas brotaron. -Maldito. ¿Rechasas la verdadera fe? ¿Tomas partido con demonios cara-de-vaca en contra de tus propios hermanos y la raza humana? ¿Has rechasado a Jesus y su Ley Divina?- Mi odio por este taidor crecia con cada instante, y le di gracias a Dios por darme un chance de cobrar su venganza. -Carajo, Bentio. ¡Me mandaron matar! ¿Que mas pude haver hecho si no refugiarme con los minotauros? Me acusaron de ladron, y eso simplemente no...- -Basta de mentiras, Marco. Tu robaste 1,000 monedas de platino y las encontraron en tu escondite. Seguramente querias escapar con ese dinero para taicionar a tu pueblo a los demonios. Mereces morir, y yo he de cobrar tu muerte, en nombre de Ciudad La Pinta a la cual has traicionado poniendote esa armadura verde.- A mi dragon azul, le di el mesnaje, en su propia lengua, de mandar un rayo de electricidad en contra de mi enemigo. Mi bestia, obediente hasta la muerte, expulso de su enorme boca un terrible rayo de luz electrica que cruzo rapidamente la distancia entre el estegosaruio y nosotros y le dio un enorme golpe a la bestia que portaba mi adversario. El monstruo acorazado se levanto varios metros en el aire cuando el rayo le dio en el costado, tirando a Marco en el aire. Pero no pense por un solo segundo que la muerte de mi adversario sera tan facil. Marco fue en alguna occacion un Centurion en mi propio ejercito, y como tal, seguramente tendria un arsenal de magia prohibida. Me envolvi en mi capa de invisibilidad, y empeze a levitar en direcion a mi enemigo. Yo tambien tenia mis propios trucos para vencer la magia demonica de Nagaloka. Generalmente, las mejores armas magicas se las quedaban los soldados de mas alto rango en el ejercito. Yo contaba con mis botas y mi capa, capturadas del enemigo en alguna de nuestras interminables batallas contra el mal. Fue mi mala suerte que el monstruo prehistorico no estaba muerto. Justo cuando estaba llegando yo a buscar a mi enemigo, la gigantesca bestia se levanto, tambaleando, y dio un azote con su enorme cola picuda a algunas rocas flojas en el suelo. El resultado fue una enorme avalancha que se vino sobre mi cabeza. Con duras penas, esquive desastre y segui adelante, buscando justiciar al traidor y ladron Marco. Mi fiel dragon (el cual estaba atado a mi voluntad magicamente con un hechiso de nuestros mejores sacerdotes) reciproco el ataque de el estegosaurio. Y asi empezo lo que parecia una batalla de catapultas vivas. Mi dragon y el estegosaurio rugian y se aventavan enormes piedras con sus colas de un peñasco al otro... Y pobre de mi en medio de los dos, agarrado de unas raices, pues mi hechiso de levitacion havia acabado, y mi capa magica estaba desgarrada y inutilizada. ¡Fortuna de fortunas! Mi enemigo estaba a mi alcanse, en la misma condicion que yo. Su caida del lomo de su bestia lo havia puesto en la misma precaria pocicion en la que yo estaba: agarrado de algunas raicies en el peñasco, con una enorme caida de mas de 100 metros bajo nuestros pies. Incapacitados para luchar, simplemente nos miramos en lo que nuestras bestias se lansavan projectiles. -Nos has matado a los dos, Benito. ¿Acaso eso es tu idea de Justicia?- Dijo el, escupiendo sangre. -Malidto. ¡Te uniste a los demonios del averno!- -No son demonios, Benito. Son gente, como tu y como yo, pero con rostros de toros y vacas, con rostros de reptiles.. En fin, no entenderias. Eres tan ingorante como todos los que viven en La Niña, La Pinta y La Santa Maria. ¿Todavia crees que estamos en el infierno? ¡Estamos en el paraiso, y nuestra ignorancia le ha convertido en infierno!- -Estas perdido, Marco. Un escavo de Satanas y sus Legiones. No habra perdon para ti despues de la muerte- Dije yo con tristeza. -No, Benito, el que esta perdido eres tu. No hay muerte. Todos los seres que mueren encarnan nuevamente en otros cuerpos atravez del universo. Nuestra Biblia ha sido corrupta por lideres y Papas malevolos que quieren solo control sobre los demas. Debes escuchar a los Brahmanas de Rasalandia y Ciudad Paleta algun dia. Ellos entienden mejor que nosotros que es Nagaloka y cual es nuestro rol en vivir aqui.- -Niegas la verdad cuando la puedes ver con tus propios ojos, Marco. Los muertos han salido de sus tumbas para el Juicio Final. ¡Nuestro Señor Jesucristo nos dara a todos la vida eterna!- Dije yo. -¿Vida eterna como zombis? Prefiero una muerte digna, Benito.- Dijo el. Y justo en ese momento, su enrome bestia cayo, mortalmente herida, a su muerte 100 metros abajo de nosotros. -Se acabo.- Dijo Marco, y se solto de las raices de donde se agarraba. Cayo a un lado de su bestia. ¿Por que lo hiso? ¿Por que se solto de las raicies a su muerte? No entendi, ni entiendo todavia. La verdad es mi mis manos estaban llenas de sangre, y mi capacidad de sostenerme agarrado de las raices se estaba debilitando por cada segundo que pasaba ahi. Llame a mi Dragon, Nanda, con un chiflido, y la hermosa bestia surgio al vuelo, con la esperanza de rescatarme. Pero fue demaciado tarde. Mis manos se revalaron, y cai, y cai, y cai.. Cerre los ojos para no ver el suelo acercarce. El dolor del golpe final no fue nada. En verdad no senti nada. Solo un impacto rapidisimo y una brillante, ceguante luz blanca. Y luego nada. Un vacio absoluto. Una negacion de todo. Cuando recupere lo poco de conciencia que tenia, me vi a mi mismo, descuartizado por mi caida. Mi dragon, liberado de las ataduras a mi servicio por mi muete, havia salido volando a su propio destino. Estaba viendo a mi cuerpo cuando una mano calurosa y singularmente hermosa se puso sobre mi hombro. -Benito Castor, has muerto- Dijo. Me di la vuelta... ¿Como me podia dar la vuelta si mi cuerpo estaba ahi, enfrente de mi, hecho pedazos? Era mi Señor Jesucristo. Le reconoci perfectamente, pues es el rostro que siempre soñe como el suyo. Heridas en sus manos, en su frente.. En sus pies descalzos. Estaba vestido completamente de blanco y sobre su cabeza havia una luz blanca, la misma luz que vi en el momento de morir. Cai de rodillas ante el, llorando. -Mi Señor... Mi Señor...- -Levantate, Benito Castor. Tu trabajo como guerrero no ha terminado. Regresa a tu cuerpo y traeme el resto de mi rebaño, ya sea vivos o muertos, que el Juicio Final ha comenzado en Nagaloka- Dijo. Me levante. Y la terrible luz blanca aparecio donde mi Señor havia estado. Y me cego y me cai, y senti el peor dolor que he sentido jamas... Cuando abri los ojos nuevamente, estaba yo en mi propio cuerpo.. Pero ya no tenia color el mundo. Y en mi cabeza, en mi corazon, en mi existencia.. Solo una cosa... Traer al Señor a todos los hombres, mujeres y niños que no tengan su marca en la frente. Matar a los vivos que pueda servir el Juicio Final de mi Señor Jesucristo.

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