
Para este capitulo, utilize en parte la aventura "White Plume Mountain".
PARTE TRES: LA MONTAÑA DE ALGODON aka LA MUERTE DE ESTEGO.
Todavia en busqueda de alguna formula para detener el conflicto vaisnava-cristiano, Agua se aventura con sus amigos a la Montania Emplumada, donde una espada magica se rumora existe que tiene la manera de resolver cualquier guerra. Pero la montana es propiedad de un brujo gnomo temible, y esta llena de horrores y trampas diabolicas que causan la perdida de sus amigos, la Druida Beate, y lamentablemente, su mejor amigo Estego el Dragon Azul quien es combertido en zombi por un vampiro. Agua logra recuperar el cuerpo de Estego y regresarlo al Templo, pero pero ahora tiene que encontrar su alma para para elevarla a Krsna Loka. La druida Beata ha ascendido a las regiones superiores, pues su cuerpo fue cremado. Pero la tarea de Agua se ha complicado, pues ahora no solo tiene que defender el Templo vaisnava de los cristianos, pero ademas debe recuperar el alma de su fiel amigo que se ha combertido en zombi.
El corazon de un dragon azul tiene una propiedad sumamente especial: se convierte en rubi, y ese rubi contiene una representacion sacada del record Akhasico de la vida entera de ese dragon para quien este dispuesto a verla. Para aquellos que desconocen el record Akhasico, se trata de el coglomerado de las actividades de todos los seres vivientes en el uiverso en una extraña grabacion que se puede acceder en el ether. El record Akahsico es una de las fuentes mas importantes de informacion para nigromantes de todos tipos.
Los siguientes eventos fueron sacados de el record Akhasico de Estego, el dragon azul, mejor amigo de Agua, hombre lagarto...
"Mi muerte empezo con la llegada en el Bosque de los Enanos, de la encantadora druida humana llamada Beate. Mujer de pelo chino y rojo como las llamas, alta, fuerte, bella. Nosotros los dragones no somos inmunes a los encantos de las mujeres del hombre. La Biblia habla de justamente ese pequeño problema de nuestra especie. Algo en la forma humana nos hypnotiza con su belleza delicada. Y eso que somos inmunes a la belleza de los elfos, que son simplemente humanos perfectos. Pero la tragica forma humana, tan dependiente del tiempo para permanecer hermosa, nos atrae como fuego atrae a las palomillas."
"Salio del bosque como una ninfa perdida, sola y perfectamente inofensiva, vestida con un simple vestido de hojas de platano, y desarmada, excepto por la poderosisima danda magica que nos hacia saber su estatus como arch-druida del bosque."
-Perdonen, pero estoy buscando a Agua, hombre-lagarto. Seria usted, señor?- Dijo en una melodica voz de niña.
-En efecto, soy yo.- Dijo mi amigo sin el menor temor de hacerse conocer por un absoluto extraño.
-Que gusto conocerle. Permitame presentarme. Soy Beate, arch-druida del Bosque de los Enanos, y estoy aqui para ayudarle a detener una matanza que estoy segura usted tiene todas las intenciones de detener.-
-Se refiere usted a la posible guerra entre Ciudad Paleta y Grumpslandia, por supuesto.- Dije yo, ahora precavido y formal.
-Por supuesto. -
-Me imagino que su solucion a nuestros problemas es encontrar un arma de inmenso poder, perdida en la tumba de algun ser ridiculamente poderoso el cual solo nosotros podemos vencer, ¿correcto? - Le pregunte a la humana, demaciado acostumbrado a los diseños absurdos de los humanos exploradores.
-Debe ser vidente, señor dragon.- Dijo, con un poco de piccardia en su sonrisa.
-Pues olvidelo, señorita, aqui no nos metemos en problemas robandole a la gente sus tesoros. No es correcto andar robando tumbas, ¿sabe usted? Ademas, esas tumbas siempre estan ocupadas por todo tipo de seres vivos y muertos que estan dispuestos a todo para protejer sus pertenencias.- Dije yo, un poco enojado con esta ridicula humana caza-fortunas.
-Estego, espera. Vamos a escuchar lo que la bella dama tiene que decir primero.- Dijo mi compañero Agua, con la tipica ingenuidad que le hace por una parte absolutamente irresistible y por otra increiblemente sufocante.
-Agua, por vida tuya, tenemos suficientes problemas como para meternos en otro. Evidentemente esta druida esta en busca de algo que solo nosotros podemos obtenerle, y sin duda, ese objeto sera sumamente peligroso de conseguir.- Dije yo. No era la primera vez que un humano busca-pleitos havia buscado mi ayuda en algun desbarate.
-De todas maneras, quiero escuchar lo que nos quiere decir. - Dijo Agua.
Y yo, apesar de mis instintos y intuiciones sobre el desastre que vendria sobre nuestras cabezas, logre cerrar mi hocico. Beata se sento en una gran piedra y empezo su relato.
-Gracias, buen hombre lagarto, estoy segura que una vez que tu amigo el dragon escuche mis razones por proponerles esta aventura, no solo estaran dispuestos a ayudarme, pero me agredeceran profundamente aberles encontrado a tiempo. - Dijo ella.
-Estaba yo meditando profundamente sobre el equilibrio del universo cuando mis meditaciones me llevaron a un futuro proximo donde tu, Agua Hombre Lagarto, serias la causa de una terrible guerra entre Ciudad Paleta y Grumpslandia la cual costaria miles de vidas y terrible sufrimiento. En mi meditacion, fui a la Madre Tierra a preguntar como tal conflicto pudiese ser detenido. La Madre Tierra me respondio la oracion, y me dijo que la respuesta a mi deseo estaba en la "Montaña de Algodon".-
-Fui a la Universidad de Ciudad Paleta a consultar los libros sobre la historia de ese lugar, y lo que encontre fue fascinante: Hace 12 mil años, cuando Nueva Roma era el poder mas grande en Nagaloka, un poderoso gnomo illucionista llamado Karl Jarx escapo la esclavitud y horror de Nueva Roma y se fue a esconder en la Montaña de Algodon, que esta en una pequeña isla volcanica unos 500 kilometros al sur de Grumpslandia en el Mar de la Serpiente.-
-Karl empezo a construir un laboratorio magico ahi, lejos de la vista de todos. Nadie tenia interes en buscar un gnomo en un volcan que de vez en cuando mandava "algodon" al cielo. Y pues, con el tiempo, Karl empezo a descifrar los secretos del universo.-
-Pero como muchos hechizeros antes de el, el poder le enloquecio. Desde su guarida en la Montaña de Algodon, logro conseguir una espada terrible, una reliquia de otro universo, con tal poder que podria, en las manos correctas, alterar el destino de todo. Esta espada, cullo nombre es tan terrible que no me atrevo a decirlo, le causo la muerte al gnomo, y ahora esta ahi, en la montaña, escondida en algun rincon oscuro, esperando que alguien la encuetre. Aquel que pueda encontral la espada de Karl Jarx tendra el poder para cambiar el destino. Estoy segura que la Madre Tierra quiere que yo encuentre la espada.- Al terminar su relato, Beata se levanto de la piedra y produjo un mapa de su mochila.
-Este es el mapa que da con la entrada del laboratorio de Jarx. Lo que tube que hacer para conseguirlo no es de importancia para nosotros, pero digamos que el costo fue enorme.-
-¿Por que yo?- Pregunto Agua.
-Por que tu destino es cambiar el destino del mundo entero, Agua. No sabes todavia que tan terrible es lo que tienes que hacer. La guerra entre los enanos y Ciudad Paleta es simplemente el principio. Mis meditaciones me han convencido que tu algun dia tendras que decidir el destino de todo nuestro mundo. Seguramente la espada de Jarx tiene parte en todo esto.-¨
-Agua, te recomiendo...- trate de advertirle a mi compañero.
-Esta vez no, Estego. La Madre Tierra no confunde a sus sirvientes, y si es nuestro destino cambiar el mundo entero, que sea asi. Buscaremos la espada.¨- Dijo.
Y yo simplemente deje caer mi cabeza entre mis patas.
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Desde el cielo, la Montaña de Algodon parece justamente eso: una montaña de algodon, blanco como la nieve, pues arriva de el cono volcanico de la montaña, la cual esta en el centro de una isla practicamente deseritca, una interminable nube de vapor cubre la parte mas alta de la montaña.
No hay arboles en la isla. Solo algunas palmeras en las playas, y la montaña se puede ver desde cualquier algulo, pues la isla fue formada por el volcan. Pero aun si no hay arboles, la vista es verde y muy hermosa, pues hay inumerables pastisales y llanuras enteras de flores exoticas y muy hermosas.
Beate y Agua estavan montados sobre mi lomo, y la exhasperante humana miraba su mapa daba instrucciones a mi amigo lagarto.
-Ahi. ¿Ves esas ruinas? - Dijo.
Mire y efectivamente, unos cuantos muros de tabique todavia mostraban el lugar donde se podia ingresar a las entrañas de la montaña. Alguna vez, esos muros pertenecieron a casas grandes. Los simientos no havian desaparecido, y se podia ver en algunos casos hermosos pisos de lona y mosaico.
Aterrize suavemente justamente adentro de uno de estos edificios los cuales no tenian techo desde hace cientos, tal vez miles de años. Los mosaicos bajos mis patas todavia mostraban algunos relieves de imagenes particulares a los gnomos: hongos, arboles y flores. En cuanto mis patas tocaron el suelo, Beate brinco de mi lomo mi miro con maravilla a su alrededor.
-La ciudad perdida de Jarx. Aqui vivieron sus mejores sirivientes y amigos, todos en busqueda de la verdad sobre los secretos del universo. - Dijo.
Luego, se volteo al este y apunto con su dedo indice a los remanentes de una estatua bastante grande mostrando la gigantesca cabeza barbuda de un gnomo con la boca abierta.
-Ahi.- Dijo Beate y empezo a correr.
Llegamos a la gigantesca estatua Agua y yo y nos detubimos a lado de Beate que estaba procurando echar un hechizo para determinar la entrada a la montaña. Justo antes de que el hechizo pudiera ser completado, una criatura muy singular y terrorifica aparecio por detras de una nube de vapor y decendio a nuestra posicion. Se trataba de una gynmoesfinge: un aterrador leon con cabeza de humano, alas de aguila y cola de escorpion. Su rostro, bestial, pero extrañamente humano me recordaba los rostros de los vikingos, pelos y barbas rojas como la sangre, ojos verdes como las copas de las palmeras.
-La entrada al laboratoroi de Karl Jarx es prohibida. Largense de aqui o tendre que matarles a todos.- Dijo la bestia con una voz como la voz de un leon.
-¿Tu eres el guardian de este lugar? - Pregunte, bostezando.
-Si.-
-Y seguramente tienes una adivinanza que debemos adivinar si queremos entrar. - Le explique.
-¿Como es que lo sabes? - Pregunto la bestia magica.
-Soy joven, pero soy dragon, y nosotros los dragones entendemos mucho mas de las bestias magicas y otras cosas ocultas de lo que dejamos saber a nuestros amigos. Pero eso no es de importancia. Lo importante es tu adivinanza. Dimela de una vez, por favor, para que podamos entrar.- Respondi.
-Les conviene mas largarse. Si les digo mi adivinanza y no la pueden adivinar, tendre que matarles, y verdaderamente, despues de 12 mil años de estar aqui, protegiendo esta estupida entrada, lo ultimo que deseo es matar a nadie.- Dijo.
-Me da lastima tu condicion, amigo. Pero sospecho que mi amigo Agua no va a acceptar alguna otra solucion. Estamos en medio de una gran guerra y mi amigo esta desesperado, y pues, no creo que podemos abandonar este lugar sin primero tratar de entrar.- Le explique.
-Una gran pena, pues si estan aqui para robarle el tesoro a mi amo, aun si pueden adivinar mi adivinanza y entrar, una vez que salgan tendre que matarles. - Eplico.
-Aun asi, por favor dime tu adivinanza, bestia.- Dije.
-Muy bien. Mi adivinanza es esta: "De niño camina en cuatro patas, de adulto en dos y cuando es viejo en tres." -
-Las esfinjes de Nagaloka harian bien en buscar nuevas adivinanzas, amigo. La respuesta es el hombre, y es bien conocida pues fue la misma que dio el Rey Oedipo." Dije yo.
-Mi amo no era muy dado a leer historias de otros planetas, amgio dragon. Pueden pasar.-
La boca del gnomo gigantesco movio la enorme lengua de piedra mostrando una pequeña escalera, como para un niño, descendiendo a las entrañas de la montaña. La entrada era demaciado pequeña para mi.
-Me temo que tendras que ir solo, Agua.- Dije.
-Solo no. Yo voy contigo, amigo lagarto.- Dijo Beate.
Agua torcio su cabeza a un lado, tomo su danda y bajo por las escaleras, seguido de cerca por Beate. Yo me quede ahi, al lado de la bestia, con mas que un poco de miedo por el bienestar de mi amigo.
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Las cuevas adentro de la montaña eran muy calientes. Lava fluia solo unos cuantros bajo los pies de Agua y Beate, algunos cientos de metros en rios subterraneos. El resultado era vapor, como el vapor de una hoya para cocinar langostas. Afortunadamente, el vapor subia rapidamente por una variedad de granuras en el techo de la cuva.
Los pasillos habian sido cortados de la roca volcanica con algun tipo de magia. Cientos de metros largos, 10 metros de ancho y entre 20 y 30 metros de alto, no tenian illuminacion alguna. Beate y Agua prendieron sus lamparas de aceite para caminar. Las paredes eran perfectamente lizas y planas, pero solidas. Demaciado caliente para soportar la vida, las cavernas no habian atraido ni cucarachas a vivir ahi.
Un largo pasillo terminaba el recorrido convertiendose en la letra T, dejando a los dos amigos a decidir si tendrian que ir a la derecha o a la isquierda.
-¿No tienes un mapa del interior? - pregunto Agua.
-No.-
-¿Derecha o izquierda?-
-Izquierda. Los magos adoran la izquierda.- Dijo Beate, y empezo a caminar.
Al fin del pasillo a la isquierda, una gran puerta de bronce. La puerta estaba sellada con candado.
-De esto me ocupo yo.- Dijo Agua.
Con unas cuantas palabras magicas, el candado cayo al suelo, abierto. Beate sonrio y agarro la pesada puerta con ambas manos, jalando con toda su fuerza. Agua le ayudo y en cuanto pudieron, miraron adentro.
A sus pies, una gran caida libre a un rio de lava ardiente. En intervalos de diez metros, unas plataformas de madera suspendidas del techo con enormes cadenas. Eran diez plataformas en total, cubriendo los 100 metros de el abysmo. Al otro lado, otra puerta de bronce similiar a la que habian abierto, pero cerrada.
-¿Como vamos a pasar por ahi? - Dijo Beate preocupada.
-Yo puedo volar. Pero eres demaciado pesada para que te cargue.- Dijo Agua.
-Esta bien. ¿Puedes abrir la puerta del otro lado? - Respondio la druida.
-Si, claro.- Dijo Agua, y se sento en posicion de flor de loto. En algunos minutos, su concentracion le hiso posible empezar a levitar lentamente. Una vez en el aire, el hombre lagarto cruzo facilmnte el terrible abysmo y se coloco en una pequeña pestaña de roca bajo la puerta del lado opuesto de la abitacion.
Otro pequeño hechizo salio de sus labios y la puerta se abrio facilmente.
-Ahora voy yo.- Dijo Beate. Agarro un poco de vuelo y se lanzo al aire los 10 metros para alcansar la primera plataforma.
Su salto fue exitoso. Logro agarrarse de la enorme cadena. Suspiro fuertemente. Despues de algunos momentos en los que recupero su aliento, brinco a la segunda plataforma.
Y asi.. La tercera. La cuarta. La quinta. La sexta.
Agua levito a su lado.
-Despacio. No tengas prisa, no creo que pueda sostenerte si te caes.- Dijo.
-Gracias, amigo.- Respondio ella.
Y derepente, un chorro de lava estallo por debajo de ellos.
Agua logro levitar fuera del peligro, pero Beate se resbalo y cayo al abysmo ardiente. No hubo gritos. No hubo nisiquiera el sonido de el golpe contra la lava. Solo un aterrador silencio cuando la lava devoro completamente el cuerpo de la bella druida en un par de segundos.
Agua vio la muerte de su amiga como alguien viera una obra de teatro, no sin emocion, pero si sin movimiento ni respuesta. Su corazon dio una pausa, absorbiendo el horror de lo ocurrido, pero este no era el lugar para sentir tristesa por una muerte sin sentido. Mas chorros de lava podrian brotar en cualquier momento.
Sin mas, Lava cruzo la trampa mortal y llego al otro lado.
Estaba ahora en una enorme y lujosa recamara con una gran pyramide al centro y increibles tesoros amontonados abajo. Varois cofres de hierro, abiertos y llenos de monedas de oro, joyas, y objetos preciosos. Armaduras de oro y plata guardando los cofres. Armas de todo tipo, hachas, garrotes, espadas, ballestas... Todas hechas de materiales preciosos y radiando una extraña luz magica. Pero nada de eso interesaba al joven hombre lagarto.
Su interes principal era un pequeño sarcofago asta arriba de la pyramide. El ataud parecia como para un niño. Estaba hecho de oro puro y estaba hecho en la forma de el gnomo, Karl Jarx. En el sarcofago, el gnomo sostenia una enorme espada mas grande que el mismo.
-La Espada de Karl Jarx- Suspiro Agua. -Espero que valga tu sacrificio, amiga druida.-
Agua camino lentamente las escaleras de la pyramide asta llegar a los pies del sarcofago. Estaba montado en una plataforma a la altura de una mesa de comedor. Agua examino el sarcofago cuidadosamente. La tapa dorada no estaba sellada, dependiendo solo de su peso para quitarla.
Empujando con toda su fuerza, Agua abrio el sarcofago, esperando ver el cuerpo momificado de un gnomo agarrando una espada.
Jamas sospechaba que un gnomo perfectamente conservado brincara con la enorme espada en mano.
-¡Ladron! ¿Te atreves a irrumpir mi descanzo?- Dijo el hombrecito en una voz chillante, como la de una rata rabiosa. La espada estaba apuntando a la garganta de Agua, y Karl Jarx estaba parado sobre su propio cofre.
-Perdone usted, pero no sospechava que estubiera vivo.- Dijo Agua.
-¿Vivo?....No... No estoy vivo, lagarto. Dime, ¿quien eres y por que estas aqui? Seguramente estas aqui para tratar de robar mi espada.- replico el hombrecito.
-Es verdad que vine aqui en busqueda de su espada, amigo, pero ahora que veo que su dueño todavia camina, no tengo mas remedio que pedir perdon por mi falta de buen juicio.-
-Es demaciado tarde para pedir disculpas. Ahora lo que deseo de ti es tu sangre, pues no me he alimentado en un buen rato.-
-Pero no puedo dartela.-
-Eso no es importante. Sera facil quitartela.-
-Antes de hacer tal cosa, por favor explicame por que duermes en un cofre.- Dijo Agua, tratando de contener la violencia en el pequeño gnomo.
-Soy un vampiro, lagarto. ¿No es evidente? Me alimento de sangre, preferiblemente humana, pero esos son dificiles de encontrar, y ya me acabe los que estaban en esta isla. Hace doce mil años, queria vencer la muerte, y pues me puse a estudiar como hacerlo, y me encontre con esta espada, que convierte a los vivos en muertos pero que le da immortalidad y invencivilidad a aquel que la sostenga. El presio es sangre, pues mi vida depende de que pueda derramar la sangre de otros con esta espada.-
-Un destino ciertamente tragico, señor gnomo.-
-Tal vez, pero soy muy viejo y llevo muchos años esperando comer. Ahora tu has llegado, y por el momento, veo mas el sufrimiento tuyo que mio en nuestro destino.-
El gnomo-vampiro y el hombre-lagarto actuaron al mismo tiempo. Karl trato de cortarle el cuello a Agua y Agua respondio formando una barrera invisible pero poderosisima entre el y el gnomo. La barrera detubo el golpe fatal, pero Agua sintio el impacto espiritualmente. La espada era una terrible arma y el daño que causaba era espiritual tanto como material.
Agua savia que su barrera no duraria mucho contra tales ataques, y pues decidio salir de ahi y regresar al terrible abysmo que le havia constado la vida a la druida. No contaba mi amigo lagarto con el tiempo necesario para levitar, pero sus patas traseras estan perfectamente hechas para saltar grandes distancias, y eso es lo que hiso.
El pequeño vampiro aparecio al otro lado de la puerta.
-No creas que puedes escaparme, lagarto.- Dijo el enanito.
Vivo o muerto, un gran hechizero sigue siendo un gran hechizeoro, y pues Karl logro empezar a levitar de la misma manera que Agua lo hiso para llegar a su cuarto funebre. Pero le tomaria algunos minutos entrar en trance para levitar, minutos que Agua utilizo para saltar como chapulin de una cadena a la otra. Para cuando el gnomo estaba en el aire, Agua ya habia logrado cruzar el peligroso abysmo.
El gnomo cruzo mas rapidamente, pues no nececitaba brincar.
La carrera para salir de la montaña era desigual. Agua, desequilibrado por la muerte de su compañera, estaba corriendo y tropezando, y el gnomo no-muerto estaba volando tranquilamente. Aun asi, la ventaja del hombre lagarto fue suficiente para que saliera primero de la montaña.
-Dos compañeros entraron, pero solo uno va a salir.- Me dijo la bestia, meneando su cola de escorpion.
-¿Y tu y yo tendremos que matarnos?- Le pregunte. En mi mente estaba siempre la posiblidad que si mis amigos habian logrado hurtar la espada de Karl Jarx, yo tendria que asesinar a la extraña criatura para protejerles.
-No lo se. El lagarto no a robado nada, pero mi amo esta detras de el, y solo el puede decidir. Si me pide que te mate, lo tendre que hacer. Disculpame.- Dijo el Gymnosfinge.
-Hmmm. Aqui estan.¨- Dije yo, alejandome un poco de la gran estatua y de el aguijon venenoso de mi contraparte.
Agua salio, tropesandoze en las rocas.
-Vamonos de aqui.- Dijo.
Segundos despues, un hombrecillo, con larga barba negra, enorme sombrero rojo oscuro en forma de pico y sosteniendo una espada dos veces su propio tamaño salio volando de la terrible boca de piedra.
-¡Detenedle! ¡Ladron! ¡Ladron!- chillo.
El gymnosfinge gruño y se volteo contra mi amigo Agua, que ya estaba preparando un hechiso para salir de su apuro. Sin considerasiones morales, pensamientos externos o culpa alguna, en ese momento, yo escupi un enorme chorro de fuego que rapidamente envolvio y consumio al desafortunado guardian de la montaña. Su cadaver semi-cocido cayo a un lado del hombrecito con la terrible espada.
-¡Asesino! ¡Ladron! ¡Pagaran por esto!- chillo nuevamente.
Una gran telaraña broto de las manos de Agua y enredo completamente al pequeño vampiro. Pero en vez de quedar completamente enredado, como la mayoria de los seres atrapados en las telarañas magicas de Agua, el pequeño gnomo simplemente la corto con su gran espada magica.
-¡Mago de segunda! ¿Crees que puedes derrotarme tan facilmente? -
El fuego en mi corazon y garganta ya se habia repuesto. Vomitando otro tando de napalm gastrico, pense que nuestro enemigo estaba abatido, pues las llamas lo envolvieron completamente.
Pero estaba equivocado.
La ropa del enanito estaba completamente calcinada, dejandolo encuerado, pero su piel, sus huesos, su carne, hasta su pelo y barba, eso no fue nisiquiera calentado. Alguna resisitencia magica a la muerte protegia al extraño ser.
-Mi turno.- Me dijo mirandome en los ojos.
Y lanzo su espada como si fuera una lanza. El enorme fierro volo acertadamente y penetro justo en el centro de mi pecho, donde mi corazon de dragon late. Casi no me dolio. Un punzoncito nadamas. Como si alguien me hubiera golpeado levemente.
Luego, mire la espada protuberando de mi pecho y supe que estaba muerto.
No pude moverme. No pude hablar. No pude nisiquiera pensar claramente. El Sol, esa enorme bola de fuego empezo a crecer y creer y crecer, su brillante luz blanca me segaba.
Del centro de toda esta maravillosa luz, Tiamat, madre de todos los dragones, inmortal ser de cuyo cuerpo esta hecho el universo, aparecio frente a mi. Olvidado estaba el gnomo, la espada, Agua, la isla, el volcan... Todo. Todos.
Solo quedaba mi madre. Tiamat de mil cabezas. Gigantesca, terrible. Sus mil cabezas de dragon hablaban todas a la misma vez.
-Hijo mio.- Dijo la voz de mi madre.
-Hijo mio, no puedes trascender todavia. Alguien tiene tu espiritu en cadenas. Regresare por ti, hijo mio.- Dijo.
Alguien mas estaba saliendo de la luz blanca. Un hombre comun, con larga barba blanca, ojos color de flama, sus manos y sus pies con las heridas de clavos. Su tunica era blanca. Su cinturon dorado. En su cabeza, una corona de oro en forma de espinas.
-Estego, noble dragon, soy Jesus el Cristo. La espada que te mato te a condenado a la no-muerte hasta el Dia del Juicio. - Me dijo. Y su voz era tan hermosa que yo simplemente me rendi ante el.
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